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La Cruz, una idea de Dios
La misma multitud que lo adoraba y esparcía hojas de palma, aclamándolo como «¡Salvador!», ahora gritaba: «¡Crucifíquenlo!». El acusado era golpeado y colgado de tal manera que en poco tiempo sus pulmones se llenaban de sangre, ahogándolo en sus propios fluidos. Además, los romanos consideraban que la muerte por sí…
